Carta abierta de Ronald Reagan a los conciudadanos estadounidenses – 5 de noviembre de 1994

5 de noviembre de 1994


Conciudadanos estadounidenses,


Me han dicho recientemente que soy uno de los millones de estadounidenses que padecerán la enfermedad de Alzheimer. 
Al enterarme de ello, Nancy y yo tuvimos que decidir si, en cuanto ciudadanos privados, trataríamos esta noticia como un asunto privado o si la divulgaríamos públicamente. 
En el pasado Nancy sufrió de cáncer de mama y a mí mismo me operaron de cáncer. Nuestras revelaciones nos demostraron que podíamos sensibilizar al público. Nos alegramos de que, como resultado de ello, muchas más personas se sometieron a las pruebas diagnósticas. Recibieron tratamiento precozmente y pudieron recuperar una vida normal y saludable. 
Por esa razón consideramos importante que ahora compartamos nuestra noticia con ustedes. Abrimos nuestros corazones y esperamos que de esta manera quizá promovamos una mayor conciencia sobre esta afección. Quizás promoveremos una comprensión más clara de parte de los individuos y familias afectados. 
Por el momento me siento bien. Me propongo vivir el resto de los años que Dios me dé en esta tierra haciendo lo que siempre he hecho. Seguiré compartiendo mi vida con mi amada Nancy y mi familia. Tengo intenciones de disfrutar al aire libre y permanecer en contacto con mis amigos y defensores. 
Lamentablemente, a medida que avanza la enfermedad de Alzheimer, la familia suele sobrellevar una carga pesada. Sólo desearía que existiera alguna manera de evitar que Nancy atravesara esta experiencia dolorosa. Cuando llegue el momento, estoy seguro de que, con la ayuda de ustedes, hará frente a ello con fe y coraje. 
Por último, permítanme que dé las gracias al pueblo estadounidense por haberme dado el gran honor y la posibilidad de que les prestara servicio como Presidente. Cuando el Señor me llame, sea cuando fuere, llevaré conmigo sumo amor hacia este país nuestro y optimismo eterno respecto de su futuro. 
Ahora comienzo el viaje que me conducirá al ocaso de mi vida. Sé que para los Estados Unidos de América siempre habrá un alba brillante por adelante.


Gracias, amigos. Que Dios siempre los bendiga. Atentamente, 

Ronald Reagan

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