Serie

Carta abierta de Roald Dahl sobre el sarampión, 1988

Olivia, mi hija mayor, contrajo sarampión cuando tenía siete años. A medida que la enfermedad siguió su curso normal, recuerdo haberle leído a menudo en la cama y no sentirme particularmente alarmado por ello. Entonces, una mañana, cuando estaba camino de la recuperación, yo estaba sentado en su cama mostrándole

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De Benito [Mussolini] a mi pequeña Ida, sin fecha

Mi pequeña Ida. Acabo de llegar tras doce horas interminables en un tren que me dejó completamente cubierto de hollín. Lo he limpiado lo mejor que he podido y mi primer pensamiento, antes incluso de ir a cenar, eres tú. ¿Te alegra? ¿Me dirás una vez más que sólo tú me

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De Gala Dalí para Jeff Fenholt

Jeff los cambios son terriblemente duros. Stop. Por favor, trabaja. Fue muy importante lo que yo conocí como tu creación. Por favor, trabaja y recuerda estoy totalmente triste y soy tuya. Gala

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Quinta carta: la resistencia

LO PEOR ES EL VÉRTIGO. En el vértigo no se dan frutos ni se florece. Lo propio del vértigo es el miedo, el hombre adquiere un comportamiento de autómata, ya no es responsable, ya no es libre, ni reconoce a los demás. Se me encoge el alma al ver a

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Cuarta carta: los valores de la comunidad

Quiero hablarle de Buenos Aires. Aunque yo no vivo en ella y me resultaría insoportable, la reconozco como mi ciudad, por eso mismo es que la sufro. Ella representa, de alguna manera, lo que es la vida de estas urbes donde viven, o sobreviven, millones de habitantes. Pero antes les

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Tercera carta: entre el bien y el mal

Esta mañana di por seguro que venía la sudestada, yme equivoqué. La tormenta se mantuvo en suspenso, estática. Los grises se fueron atenuando y a latardecita ya ningún rasgo plomizo se distinguía en el cielo. Este simple e inofensivo error me llevó, imperceptiblemente, a las grandes equivocaciones que uno comete en

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Segunda carta: los antiguos valores

Después de recorrer durante horas la imponente Quebrada de Humahuaca hemos regresado a la antigua ciudad de Salta, tan hermosa en otro tiempo, hoy casi irreconocible, plagada de letreros y de edificios modernos que han roto la belleza de sus calles coloniales. Ya nada va quedando, como si nadie la mirara,

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