De Abeille a Pellegrini – Buenos Aires, 26 de octubre de 1902

Buenos Aires, Octubre 26 de 1902

Distinguido doctor Pellegrini:


Algunas personas me atribuyen ideas que solo a ellas les pertenecen. Me hacen decir que el idioma nacional de los argentinos es el gaucho. El inventor de la supuesta teoría es el señor Ernesto Quesada. El doctor Cané la repite. Pero la prueba innegable de que no es mía semejante opinión, la ofrece mi libro: página 413 y siguiente: Conclusión. Además mi teoría la condenso en la página 415, línea 13: «En resumen, el idioma nacional de los argentinos es presentemente el principio, el primer período de una transformación, cuya última evolución será el idioma argentino. Tengamos presente que el idioma nacional de los argentinos se divide ya en lengua literaria, en lengua familiar, en lengua popular.» Esto es claro, conciso, no dan lugar mis conclusiones a interpretaciones torcidas. Me consta que para probar su opinión, mis impugnadores espigan en mi libro palabras como polecía, ruempo, escribido, cai , etc., y exclaman victoriosos: «¡He aquí la lengua que según Alberdi habla mos!». El argumento formulado es de efecto para quienes no conocen mi libro. Mis contradicciones no pueden justificar su imputación, y bien se guardan de decir que estos vocablos citados por mí, los transcribo al estudiar Ia lengua popular o vulgar; no dicen que subdivido el habla del Río de la Plata , en literaria (capítulo XII, página 340); en lenguaje familiar (página 341 y siguiente); en lengua popular (página 353 y siguiente).

Las citas truncas, sabido es, son armas en contra del autor, como muy bien decía el célebre personaje: Dadme una frase cualquiera y me encargo de hacer ahorcar a su autor. 
Pero no todos opinan así. Muchos juicios tengo a ese respecto. Me hago un deber en adjuntar a estas líneas un extracto de un largo artículo de La Revue des Langues Romanes, una de las publicaciones lingüísticas más antiguas (aparece desde 1870), es el eco de la «Société pour l’étude des Langues Romanes» y tiene una aceptación en todos los centros lingüísticos de Europa. 
También transcribo la opinión del señor José Marfa Gutiérrez. 
Al hablar de la lengua de la América del Sur, los filólogos alemanes la llaman americana y no castellana. Meyer Lütke, uno de los grandes lingüistas alemanes en su obra publicada en 1901, al estudiar la influencia sobre el desarrollo de las lenguas romanas del substratum especial a cada región, como el celta, el íbero, etc., se ocupa de la influencia del araucano en la América del Sur. 
No me conmueven los ataques que se pueden hacer a mis teorías. He consignado un hecho: hay en la Argentina miradas distraídas, preocupadas, que no lo quieren ver: el tiempo es un «galant homme» que siempre pone de relieve la verdad. Cuento con el tiempo. 
Mi carta es una deferencia para con usted, a quien admiro y que me hizo el honor de aceptar la dedicatoria de mi libro. Por lo tanto, como acto de respetuosa delicadeza hacia usted, me comprometo, desde ya, si usted lo desea, a discutir, en su casa, y refutar las aserciones que el señor Casé hace acerca de mi libro; refutaría al señor Cané en presencia del auditorio que usted creyera deber reunir. 
Saluda a usted muy atentamente, su afectísimo seguro servidor.


S. Abeille.

S.C. Las Heras 283

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