De la zarina Alejandra a Rasputín, Rusia. 1905

Mi amado e inolvidable maestro, salvador y mentor:

Me resulta agotador estar sin ti. Mi alma se tranquiliza y puedo descansar solo cuando tú, mi maestro, estás sentado a mi lado y beso tus manos y apoyo la cabeza en tus benditos hombros. Entonces, ¡qué fácil me resulta todo! En ese momento tan solo tengo un deseo: caer dormida, dormir para siempre en tus hombros, abrazada por ti. ¡Oh, qué felicidad, el simple hecho de sentir tu presencia a mi lado! ¿Dónde estás? ¿Adónde has huido? Es tan difícil para mí, tanta añoranza en mi corazón … Pero tú, mi querido mentor, no le digas una palabra a Ania [Výrubova, amiga de Alejandra] sobre cuánto padezco sin ti. Ania es buena, es amable, y me quiere, pero no le cuentes mi pesar. ¿Tardarás mucho en estar a mi lado? Ven pronto. Te estoy esperando, sin ti me siento fatal. Dame tu sagrada bendición, yo beso tus manos benditas.

Con mi amor, en todo momento,

Mamá

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