De Mariángela a «Mamita», Santiago, 16 de junio de 1994

Mamita:
¡Qué lejos!, ¡Qué lejos estoy, Dios mío!. Sé que voy a llegar mañana, pero no es lo mismo, es ahora cuando quiero abrazarte, consolarte, acunarte, y no puedo.
Mamita, sé que se fue tranquilo y rodeado de afecto, solo yo faltaba aunque mi corazón estuviera allí. Me hubiera gustado darle otra vida distinta de la que tuvo, ofrecerle algo, sin embargo cuando volví la semana pasada sabiendo que esto iba a pasar en cualquier momento, de alguna manera estaba más tranquila que hace unos meses atrás, pese a lo mal que lo ví también lo vi tranquilo, sereno, más que antes.
Llevo un secreto conmigo hace más de veinte años, mamita, él sólo se quedó con nosotras por hacernos compañía, yo se lo pedí, en un bar de la calle Boedo mientras vos cuidabas a Natacha que sólo tenía meses. Me lo prometió, por eso a veces cuando vos, yo y todos sufríamos porque no hacía cosas o no salía de su sillón, muchas veces me pregunté si había hecho bien en pedirle tanto. Sin embargo, ahora estoy tranquila, sé que el mismo quiso hacerlo , nos acompañó mientras pudo y cuando no pudo más se fue, como hace un vasco de buena ley. Muchas veces pensé que no hacer otras cosas lo hacía sufrir, no fue así, simplemente hizo lo que quiso, estar con nosotras mientras las fuerzas le dieron para eso, nada más.
No sé, y creo que no me importa mucho ahora, si fue el mejor marido o el mejor padre, sé que nos quiso con locura y eso me basta.
Papá te quiso tanto…. estaba orgulloso de vos, creo que hasta el último día, te creía invencible, tal vez por eso alguna vez te pidió más de la cuenta. Ser invencible y morir por dentro, destino de mujeres, te toca de nuevo.
Ahora vos y yo tenemos un ejercicio que hacer por delante, recordarlo como fue, alto, buen mozo y testarudo. (?) y gruñón, hermano de sus amigos, padre de sus alumnos, inteligente y lleno de dolor por causas ajenas, haciendo caminos aún cuando decidió sentarse, el camino estaba hecho y le dejó lugar a otros, nada más.
Defendete, mamita, tratá de estar bien, aunque sea partida por la mitad, te pido mucho tal vez, pero tenés tantas cosas que dar todavía. Mi hermanita te necesita ahora más que nunca, no la dejes, no la abandones, sabés que lejos y todo yo te tengo siempre conmigo. Florencia está muy sola, si pudiste con alumnos testarudos y burros, ¿cómo no vas a poder con ella?
Postergaste cosas por estar con papá, tal vez ahora sea el momento de retomar alguna de ellas, sin presiones de ningún tipo. Yo preferiría que hicieras algo nuevo, nada de viejos proyectos, ¿no te gustaría escribir tus memorias? me encantaría leer anécdotas de mis abuelos, de mis bisabuelos, a veces siento que llegué tan tarde al mundo que no me enteré de nada, me perdí lo mejor. Chita puede aportar lo suyo, sería muy lindo.
No sé que escribo, tengo tantas cosas en la cabeza, todo es un barullo. me acuerdo de momentos, en la adolescencia, época terrible mía si las hubo, a veces peleaba con vos y me iba a buscar a papá al trabajo, él me consolaba y me hablaba de vos con tanto amor, me dijo una vez que no podría vivir sin vos y empezó a recordar cosas, como se conocieron, los cuentos de la universidad, el casamiento, la luna de miel, la recordaba como los mejores días de su vida y me dijo…
– Nunca la engañé y nunca podría engañarla…
En aquel momento, yo debía tener 16 años más o menos, pensé… ¿de qué me habla?, entonces para mí el engaño no existía, eran cosas que le pasaban a otra gente, en otro mundo. Ahora pienso… ¡qué hermoso!!!
Supongo ahora que deben haber tenido sus días mejores y sus días terribles, como todos, pero a diferencia de muchos llegaron hasta aquí juntos de verdad.
Creo que no puedo seguir, no sé si te daré esta carta, necesité escribirla, también necesito decirte que te quiero mucho, mucho, mucho.
Besísimos
Mariángela

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