Elba: no me acuerdo qué conversamos sobre el tema «jubilados en Suecia». Supongo que quizá te haya contado una experiencia que tuve en Estocolmo, cuando acompañé a un funcionario del gobierno a casa de un flamante jubilado. La visita ocurre precisamente el día del cumpleaños del flamante jubilado. El funcionario le dice: «Sírvase esta credencial (una tarjeta tipo Visa), en lo sucesivo vaya a cobrar su jubilación en el banco de la esquina. Y no tiene por qué renunciar a su trabajo». De manera que el fulano ha de cobrar desde ese mes dos sueldos: el de su trabajo y el jubilatorio. Por otra parte, en Suecia no se hace aporte alguno para poder jubilarse. Allí se paga un solo impuesto (una vez por año) que involucra a la sárta de impuestos, gravámenes y aportes previsionales que debemos pagar nosotros. ¿Se entendió?
Por si fuera poco, al día siguiente del cumpleaños del fulano le tocará el timbre un operario del gobierno. Ese tipo instalará en el baño del domicilio una conexión con el hospital público del barrio. Si en 24 horas el jubilado no acciona el botón del inodoro (o sea, no hizo pis ni una vez en 24 horas), el hospital manda una ambulancia. Me explicaron esto: «Aquí la gente vive sola. En Suecia no existe el concepto de familia como sí sucede en países como el tuyo, con predecesores tanos o gallegos». Pude fijarme que encima del botón del inodoro pegan una oblea que dice «Si usted se va de vacaciones o no va a estar en casa por más de 24 horas, avise al teléfono» (número de teléfono del hospital del barrio, para que no manden la ambulancia).
Mi anécdota tiene ya unos cuantos años, por lo que cabe imaginar que se habrán producido otros avances en materia de servicios sociales. De hecho, nunca visité otro país tan avanzado en esta materia. Por lo menos en Estocolmo se registra lo que en la Argentina constituye una ilusión macrista: pobreza cero.
La nota que mandé a La Nación me salió muy larga y me dijeron que demorarán en encontrar espacio (en la sección Opinión) si es que no la achico un poco. Respecto del entripado, dejémoslo ahí. Entendí tu explicación… bastante.
En cuanto al aviso que hiciste circular, permitime una crítica: merecía una mejor sintaxis. Suele pasar, por una deformación del oficio, que cuando leo un texto (cualquiera sea el autor) inmediatamente me pongo en crítico y me creo en el deber de redactarlo mejor. En mi oficio -el periodismo- es fundamental escribir para que seamos leídos, y por eso nos volvemos maniáticos. En charlas al respecto, entre mis principales recomendaciones figuran éstas: seamos parcos (breves), sencillos y claros; verter solo una idea por frase (no dos ni tres) y mucho cuidado con la puntuación.
En cuanto a la política, parece que se acentúa cierta discrepancia en el alto nivel oficial. Los avances de la oposición (¿vísperas de huelga general?) parecen incontenibles; arrecian las amenazas y las declaraciones amenazantes; el ala dura de kirchnerismo se vuelve más y más hostil (y dudosamente democrática, si escuchamos a Hebe o a D’Elia tan educaditos)…¿Cómo debe plantarse el gobierno frente a este cuadro? That is the question.

Contame cómo sigue tu brazo. Cariños, N.