Elba: en tu carta anterior mencionás algunos nombres propios. A Rodolfo Walsh lo conocí en la revista Vea y Lea (años 60), en la que me inicié como periodista. En realidad, yo había publicado en esa revista unos cuantos cuentos policiales y un día me ofrecieron trabajar allí, en la redacción. Walsh también escribía cuentos de ese género, ahí mismo, por lo que nos hicimos amigos y participamos en la producción de un libro (“Tiempo de puñales”) que ganó el premio Fondo Nacional de las Artes. Otro nombre propio: Marta Salotti. De Vea y Lea pasé a otra revista: Primera Plana (años 63 o 64), en la que tuve a mi cargo una sección que incluía temas referidos a educación. Me relacioné con Salotti y lo cierto es que nos prestamos mutua ayuda, largamente. En 1967, pocos meses antes de que Onganía clausurara Primera Plata, fui llamado por la Editorial Abril (que ya publicaba Claudia, Idilio, Corsa, Nocturno, Panorama, etc.) para dirigir el semanario Siete Días. Allí estuve unos diez años, hasta que sobrevino el nefasto Proceso y renuncié. Mi historia en el periodismo gráfico culmina en el diario La Nación, a partir de 1980. Otro nombre propio: María Elena Walsh, una persona admirable, a la que conocí en tiempos de Siete Días. Varias veces estuve en su casa y todavía más veces fui a ver sus espectáculos o bien nos encontrábamos de casualidad (incluso cuando ya padecía impedimentos físicos) en reuniones del ambiente. En fin, como ves, una casi infinita historia, que me permitió conocer a mucha gente culturalmente importante y muy valiosa. Por supuesto, también conocí a otra clase gente, de la que más vale no hablar. Cariños, N.