De Pedro Salinas a Jorge Guillén – Lima, 14 de septiembre de 1947

Gran Hotel Bolívar 
Lima – Perú 
14 de setiembre de 1947

Mi querido Jorge:

Sí, aquí estoy en la Ciudad de los Reyes, por buen nombre, como te habrá dicho el membrete. La cosa fue porque un día me invitó le Universidad de Bogotá a dar conferencias allí. He estado dos semanas en Bogotá. Y entonces recibí invitaciones de Quito y Lima. Acepté, claro. No sólo por el gusto, sino porque me dan unos pocos dólares. En Quito pasé tres días maravillos. Y figúrate la coincidencia: al ir a tomar en Cali el avión para Quito, me encuentro en él a Carrera Andrade que volvía a su patria después de siete años de destierro. Lo he pasado muy bien hasta ahora. Lo de Bogotá es inimaginable. Nos conocen, hijo mío, nos conocen, nos han leído y nos admiran. He dado ocho conferencias con excelente éxito. Para mayor diversión te diré que allí se anuncian las conferencias con carteles, por todas las paredes. Y me he visto de pronto, un día al salir a la calle, con mi nombre en letras rojas tamañas -así de rojo me puse yo al leerlo-, y en vecindad maravillosa: a un lado Hedy Lamarr, en una pose seductora, al otro el anuncio de una lotería, al norte una corrida de toros, y al sur una novena. No, no fantaseo. Pedí a un amigo que me sacara fotografías de los carteles y se enseñarán en su día. Los literatos jóvenes y mayores me han acompañado a todas partes. Han salido yo no sé cuántos artículos y ensayos sobre mi poesía. En fin, chico, del anónimo de Baltimore a la gloria bogotana. Ots ha estado conmigo tan cariñoso como siempre. Hay allí un grupo de españoles muy bueno. Pasé a Medellín a dar dos conferencias. Luego a Quito, que es imponente. Lo mejor de América que he visto, tan grande como Méjico, intacto, puro con unas iglesias barrocas todas de oro, delirantes. ¡Y a 3.000 metros de altura, en un rincón del mundo! Ayer llegué a Perú y esta mañana a Lima. Y como, por ser domingo y no haber podido aún ver a nadie, tengo el día libre, he aprovechado para escribirte. Ya era hora, porque me había remitido desde Baltimore tu primera carta de París, Margarita. (Que está en Baltimore acompañada por el matrimonio Marichal.). Ya comprenderás cómo he ledo tus primeras impresiones y lo que me cuentas de los amigos. Ah, lo de Europe me es materialmente imposible. No tengo nada hecho; la ocasión es de gran magnitud, nada menos que Cervantes; y rodando por estos mundos no me puedo poner a escribir. Hoy es el primer día que paso tranquilo, por lo que te dije. Lo siento mucho. Díselo a Cassou. Estoy, como comprenderás, en muy mal modo para ponerme a escribir con reposo. ¡Tanto viaje en avión, tanta gente alrededor! ¡Y qué viajes! Esto de los Andes, desde el aire, es imponente. Hay a veces unos paisajes aéreos de sierras y nubes, que asustan. Y las ciudades le recuerdan a uno tantas cosas de España. Por cierto que en todas partes encuentro un gran afecto a España y a nosotros los desterrados. En Bogotá he visto Bodas de sangre La casa de Bernarda Alba. H ablé, a petición de Cibrián, el director de una compañía, la noche del estreno de Bodas de sangre. ¡Hasta eso gustó! ¡A lo que llega uno! Imagínate lo que ha sido eso de ir al teatro, por las noches, a un teatro que se llama, naturalmente, Colón, precioso, a lo siglo XIXMe he visto dos obras de los Quintero, El genio alegre Tambor y cascabel. Es posible que me estrenen los Cibrián una de mis obras cortas, La isla del Tesoro. La han leído y dicen que les gusta. Pero no me fío mucho, porque tienen que hacer un repertorio del corriente (salvo lo de Federico) para gustar al público. Ya veremos. Yo, después de una semana aquí, y dos conferencias en Popayán, volveré, Dios mediante, a Bogotá. Y entonces veremos si han decidido algo. Luego, hacia el 25 a Baltimore. Ya te escribiré más novedades cuando tenga un rato libre. Alegrísimo por lo que me dices de Germaine. Y, deseando ver a los Gilman, que supongo ya andarán de vuelta, después de la primera travesía de Don Antonio. ¿Qué le ha parecido el Viejo Mundo? A los dos, abrazos


PEDRO

Muchos saludos a todos los amigos, particularmente a Quiroga y Bataillon.

Publicado en Ofelia Kovacci y Nélida Salvador, Antología de textos literarios para el ciclo básico, Buenos Aires, editorial Huemul, 1966

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