De Tito para Bebuchin querida, 4 de marzo de 1932

Marzo 4 de 1932

Bebuchin querida: 

Estoy apurado porque esta carta te llegará recién el domingo. Figúrate que contra lo acostumbrado, tu cartita no llegó por la mañana y por ese motivo me vi obligado a postergar la felicidad de enterarme de tus noticias hasta esta noche, que regresé de estudiar. 

No me decidí a volver temprano y contestarte, porque estoy un poco atrasado en el repaso y los exámenes se avecinan. 

Habiendote enterado y descontando las disculpas por el retraso involuntario de ésta, paso a ocuparme de lleno de la persona más adorable y adorada del mundo. Y vuelvo a llenarme de felicidad, inscribiendo todo mi cariño con la plena confianza de satisfacerte ampliamente. 

No quiero que en ninguna formas digas que mis cartas últimas son poco cariñosas. A mi siempre me sucede lo mismo, pienso que quizás -olvidándome por supuesto la mimosita que es mi linda mujercita- pienso, decía, que te van a resultar monótonas si siempre te repito lo mismo y como yo sé que te quiero con locura y que vos también lo sabés, me dá la impresión que cada letra, que cada palabra, por sí sola, aunque sea la más indiferente, como el poner la fecha por ejemplo, te dicen todo lo que yo te adoro ¿y sabes porqué? porque cuando yo te escribo, estoy adorándote, estoy pendiente de vos, estoy pensando por ejemplo, en todo lo que te extraño, en los inmensos deseos de verte, en lo lindo que va a ser tenerte de nuevo a mi lado, y en que ya estoy locamente enamorado y que no hay un instante que tu recuerdo querido no ocupe mi imaginación. Créemelo mi Bichi sagrado yo te quiero inmensamente, como difícilmente se quiere actualmente. Yo estoy enamoradísimo de verdad porque sos un tesoro para mi y porque sos mi dicha y porque sé que sin vos, mi vida carecería de todo aliciente y de toda esperanza. Porque vos sos mi “cariñito de Holanda”, lleno de encantos y de ilusiones magníficas. Sos todo para mí, detrás de ti -como en varias oportunidades te he repetido- si cierran todos los caminos para mi, vos sos mi esperanza, toda mi ambición y toda mi felicidad. Si esto no es estar enamorado, que el diablo me lleve ¿Que dice mi Bichito a esta altura? ¿No esta abatatadita? ¿(¿?) cómo la quiere yo mi almita adorada? 

¿Estará bien que diga adorada, o deberé decir adorado? ¿Estaré enamorado de otro hombrecito? Porque te prevengo mi almita, que me ha sorprendido ingratamente tu fotografía. (¿?) creía que eras una mujercita ideal, llena de los encantos del (¿?), resueltas habert tenido un “(¿?) respetable” y que según sospecho se había entusiasmado con alguna de las “cuentas” próximas. ¡Qué desilusión! ¡Se fueron para siempre los sueños de amor, plenos de emoción y de felicidad: mi mujercita es hombre! 

Sin embargo, para tranquilidad de mi espíritu, puedo sospechar con probabilidades de acierto, que no se trata de nada más que una falsa alarma, que todo es “puro cuento”: vuelven a renacer en mí, con esta reflexión, el optimismo y la fé y volver a hablarte enamorado, de las delicias que juntos pasaremos cuando estemos casados, cuando sea el marido de la mujercita más mujercita del mundo, de la chiquitita que me ha enloquecido con sus divinos senitos, porque eso sí que es cierto, yo sé que existen, yo los he tocado, y te juro que su solo recuerdo, al igual que una varita mágica, hacen en (¿?) a mi tesorito que vos sabés que gracias a Dios, es autentico y no “siento”, como felizmente es el tuyo. 

Cada vez que me envias una foto, es una rabieta, porque no te imaginas las ganitas que tengo de estar de una vez a tu lado. Cuento los días y me parecen interminables, de lo más aburridos y despojados de todo interés ¡Que distinto cuando estas vos! ¡Cuanta alegría voy a sentir!

Si hasta me parece mentira, ahora que te estoy escribiendo y que tan cerquita tuyo me siento, levanto la vista del papel y no verte, porque aunque no lo creas, me compenetro tanto en estos momentos que hasta soy feliz porque te tengo conmigo, porque estás a mi lado dictándome la carta más divina del mundo, la carta en que el novecito está lejos, pero su alma, para que su Chiquitita adorada, se entere de todo lo que la quiere y para decirle que siempre, para toda la vida, se sentirá orgulloso de adorarla, porque ella es algo tan sublime, tan maravilloso que atentamente será motivo de renovada adoración. Yo estoy seguro de eso, mi Bebita querida, te querré apasionadamente mientras tenga conciencia de mi personalidad y se también que serás causa especial de mis preocupaciones para hacerte realmente feliz a mi lado. 

¿Y mi almita me quiere tanto como dicen sus cartitas? ¿Verdad que me dices eso, mi Bichi lindo? ¿Me querrás siempre con muchas ganitas? ¿Y si yo te prometo que siempre seré “lindo” me querrás más, mucho más? De mi parte, más es imposible quererte, estoy tan ferozmente enamorado que no sé que hacer para no sentir estar separado. Es algo tan horrible que desde que dejé de verte, son pocas las veces que me he sentido feliz, y esas veces, ya lo habrás supuesto, son las que recibo carta tuya. Si hasta me da impaciencia tener que suspender mi charla y cerrar el sobre. 

La única vente que ello tiene, es escribir tu adorado nombre y esperar con ansiedad el “dia” por medio. No te das una idea como necesito los Lunes, miércoles y Viernes: Son mi vida. 

¡Con la precipitación que abro tus sobres que para mí son tan queridos y como me gusta leer tus cartitas y repasarlas veces y más veces! Así es la única manera de retener por más tiempo la dicha. Hasta el otro día, las tengo en el bolsillo y en todo momento: en el tranvía, en el balcón de lo de Lombardi, después de tomar el té, en que me voy a fumar un cigarrillo, de vuelta a casa la vuelvo a leer y ese momentito ¡me hace de feliz! ¡Si vieras que feliz!

Mis ojitos se avivan y recorren de extremo a extremo el pliego de papel. Miro con verdadero cariño tus letras, porque recuerdan infinidad de cositas bonitas, porque te personifican y te veo tal como sos: estupenda, maravillosa, sublime, encantadora, adorable, sugestiva, que me atraes y que me tienes loco de amor y deseando con mi alma casarme, para ser para siempre dichoso a tu lado y no separarme nunca de la mujercita más preciosa y mimosa del mundo. ¡Cómo te quiero de veras Bebita! Te juro que te adoro y adoraré siempre. ¡Sos mi vida! Escuchame, Bichi, por Dios, que es cierto! ¡Cómo no voy a quererte, si vos sos la única personita buena, que me ha hecho conocer lo lindo de la vida, la única personita que me dió felicidad y me hizo comprender el amor puro, el amor verdadero, el amor para siempre, el amor a una mujer! ¿No comprendes que solo por vos yo puedo llegar a ser alguien para ofrecerte mi vida para tu felicidad?

Te adoro Bichin y espero de tu parte el mismo tratamiento. Sería para mi terrible que dejaras de quererme. ¡Me he hecho tantas ilusiones y forjado tantas esperanzas alrededor de tu cariño! 

En fin, confío en ello porque sé quién sos y sé que al presente me quieres y mucho y como yo sabré retenerte porque sé adorarte, no cabe sino hacer pronósticos halagueños para nuestra próxima vida en común ¿No es cierto Bebi preciosa? ¿Verdad que estás chochita conmigo y que me querrás asi toda esta vida?

Te quiero con toda mi alma y un millón de besos en la boquita divina, en el pescuecito, en los ojitos, en las (¿?), en los senitos y en el vientrecito y tambien en los senitos deliciosos. 

Ya ves cómo pensaré en mi “Hobby” que les ha puestos dos veces, pero vale lo mismo.

Te adora

Tito 

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