De Tito para Queridita mía, 11 de marzo de 1932

Marzo 11 de 1932

Queridita mía: 

Aunque todavía no he recibido tu carta, te escribo para que tengas noticias mañana mismo. Estoy estudiando ferozmente y ese es otro de los motivos por el cual he decidido hacerlo, pues de lo contrario, recién esta noche me enteraría de tus noticias y no me gusta hacerte esperar nerviosa una carta que no llega. La experiencia personal en estas cosas me impulsa a ello. 

Como siempre, deseando que llegue el día de verte y solapándome con las perspectivas agradabilísimas de estar a tu lado. 

¡Te quiero tanto mi Bichito precioso! Yo si que te adoro de veras y que vivo pensando en vos, que siento intensamente el cariño inmenso que me lleva a vos y que indudablemente no podría separarme de tu lado por la sencillisima razón que sos mi único amor y mi única felicidad. Estas cosas, te juro que son necesariamente ciertas porque sin vos, yo me encuentro tan triste y tan aburrido que no tengo ni ganas de distraerme: todo me parece insulso y sin interés, todo me parece superfluo y ¡qué distinto cuando estoy a tu lado! Una mirada tuya, una palabra, una caricia tuya representan para mi, un mundo de dichas inigualables y siempre en mi recuerdo, me dejan la sensación de tu cariño y me permiten al mismo tiempo juzgar del mio propio. ¡Si vieras con que gusto estoy escribiendo estas cosas! Como que el recuerdo me permite volverlo a vivir. Por eso también me resulta grato escribirte porque es en estos momentos cuando puedo concentrarme en vos y pensarte intensamente. Estos momentos de placer y los que puedo robarles al estudio para pensarte y hablar de vos son los ratos en los que realmente me encuentro dichoso. No sé porqué estos últimos días se me están haciendo tan pesados, estoy deseando que pasen de una vez, (¿?). 

¿No es cierto que solo aclarándote cuanto te adoro puedo resumir todo eso que te cuento?

¡Si supieras todo lo que te quiero, serías la mujercita más feliz del mundo!

Recién acabo de almorzar y como es mi costumbre, los dias que te escribo me voy al vestíbulo y en la mesita continuo la carta. 
Cómo deseo (¿?) magníficamente mucho más a propósito que decirte que te adoro, que te adoro con toda mi alma, que así te querré siempre, toda mi vida y todo lo que siempre deseo es que vos me quieras mucho, con ganitas y cuando estas acá, me demuestres como en tus mejores días, todo lo que me adoras. 

¿Verdad que tienes muchos deseos de verme y estar conmigo? Yo tengo unas ganas locas de darte muchos besitos y hacerte caricias a montones, saberte a mi lado es algo que todavía no puedo procesar en toda su belleza, va a ser tan lindo como esos sueños que a veces tengo y que me hacen ya casado con mi almita y me hacen completamente feliz a su lado. Tenerte ya aquí me va a parecer un sueño delicioso y te juro que la realidad va a (?) en mucho a la ilusión, porque vos sos tan linda, tan preciosa, tan atrayente, tan sugestiva, te mimo y te quiero tanto, tantísimo que cada minuto cerca tuyo van a ser minutos de intensisima dicha y alegría. 

¿Piensas en lo lindo de estar otra vez a mi lado? ¿Me vas a querer siempre muchito?

Antes que me olvide ¿Llevaste a tu casa mis zapatillas y mi traje de baño?

Bichin me da pena estar escribiendote en seco. Es igual que querer sin ser querido. Pero en fin, el deseo de no tenerte sin noticias lo justifica. Todo se reduce en último término a esperar unas horas más. 

Lo único que deseo es que veas en ella todo el cariño que te tengo.

Te adora, te besa tu maridito

Tito. 

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