De Yo a Lá Lá Lá – 21 de abril de 2006

Una gran carta de amor
Tsui Inging

Escrita hacia el 798, la presente es una de las mas bellas cartas de amor de la literatura china, tanto por las circunstancias en que se escribió como por la belleza y la delicadeza del lenguaje. Cuando conoció a la señorita Tsui, Yuan Chan (779-831) se dirigia a la capital. Descubrió a la señorita Tsui viviendo con su madre viuda en un anexo del templo en el que él se habia hospedado. Tuvieron unos amores frenéticos. Yuan Chuan no era un amador fiel ni un hombre de honor. Despues del enredo, partir para la capital, se casó con una joven rica y se excusó diciendo que sus amigos le habían felicitado por «haberse corregido». Aquí está la carta que la señorita Tsui, hija de un primer ministro, le envió.

Estoy contentísima de haber recibido tu carta y emocionada de tu cariñosa recordación. Muy exitada y feliz por haber recibido la caja con adornos para el pelo y las cinco pulgadas de lápiz labial. Tengo en mudo tan considerados obsequios, pero ¿de qué me sirven en tu ausencia? Te acercan a mi, únicamente a causa de las ansias que por si siento. Me alegra que estés bien y en condiciones de seguir tus estudios en la capital y me compadezo de mi misa, encerrada en este pueble. Pero es inútil lamentarse del destino. Estoy dispuesta a aceptar cuanto me tenga reservado. ¡Cuánto te hecho de menos desde que te fuiste este otoño! Trato de mostrarme feliz y contenta cuando estoy con otros, pero, una vez sola, no puedo contener mis lágrimas. Soñé muchas veces contigo y eramos juntos tan felices como en aquellos días. Luego, al despertarme agarrada a la tibia colcha, me sentía desolada. ¡Qué lejos estás de mi!
Ha pasado un año desde que te fuiste. No puedo expresarte con palabras mi agradecimiento porque no te hayas olvidado por completo de tu antigua amada en una ciudad tan alegre como Chauy-au. Pero siempre me mantendré fiel a mi promesa. Fuimos presentados formalmente, pero las circunstancias hicieron que yo perdiera el dominio sobre mí misma y me entregara completamente a ti. Sabes que, después de nuestra primera noche juntos, juré no amar a nadie más que a ti; nos seríamos mutuamente fieles mientras vivieramos. Esa era nuestra esperanza y la promesa que mutuamente nos hicimos. Si cumples tu promesa, todo andará bien y yo seré la mujer mas feliz del mundo. Pero, si descartas lo viejo por lo nuevo y ves en nuestro amor una aventura del momento, te seguiré amando, aunque iré con un pesar eterno a mi sepultura. Todo depende de tí y nada más tengo que decir.
Cuídate, te lo suplico. Te envío un anillo de jade que usé de niña, con la esperanza de que te sirva de recuerdo de nuestro amor. El jade es el símbolo de la integridad y el círculo del anillo significa continuidad. También te envío una madeja de hilos de seda y, manchado por mis lágrimas, un rodillo de bambú para el té. Son cosas muy simples, pero llevan la esperanza de que nuestro amor será inmaculado como el jade y contínuo como el anillo. Las lagrimas en el bambú y la madeja te recordarán mi amor y los enredados sentimientos que me inspiras. Mi corazón está cerca de ti, pero mi cuerpo muy lejos. Si el pensamiento fuera una ayuda, estaría siempre, hora a hora, a tu lado. Esta carta lleva mis ardientes ansias y mi desesperada esperanza de que podamos vernos de nuevo. 
Cuídate, come bien y no te preocupes por mi.

Al cabo de varios años, Yuan Chuan regreso de visita. 
La señorita Tsui se había ya casado y no quiso verlo. 

Extraída de «El arte de comprender» de Lin Yutang 

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