La ansiedad, Daniel Link

Buenos Aires, El cuenco de plata, 2004


El compendio de cartas sujetas a un orden cronol ógico hace del género epistolar el modo más hegemónico de estrategia narrativa. En muchas de éstas, el narrador está ausente y sólo aparece la voz de los personajes, la elipsis de las cartas perdidas, el contexto que subyace a la pluma. Pero es precisamente la pluma la ausente en La ansiedad, ya que los mensajes de ida y vuelta son electrónicos, trasmutando los propios registros que trajeron consigo los nuevos soportes. La ansiedad como categoría semántica incluye una connotación ligada a la velocidad; la velocidad se emparienta con las nuevas tecnologías; el personaje central de la novela de Link, Manuel, usa como nick el adjetivo que lo determina: ansioso40. Pero si el texto tiene como referente aquello que lo intitula, no es sólo en el qué sino también en el cómo: fragmentos, mensajes cortados que van y que vienen, como un simulacro de lo que sucede en un ciber de los bajofondos.

De: Manuel Spitz <manuspitz@hotmail.com>
Para: Michel Gabineau <m_gabineau@yahoo.com>
Asunto: RE: Hola
Fecha: Viernes, 04 de Agosto de 2000 03:31 a.m.
En relación con lo que me escribiste (estoy bajo el efecto de los ansiolíticos y el whisky, en combinación extrema), pienso, pienso, pienso:
Sólo hay dos opciones:
1) que estés herido y que puedas perdonarme.
2) que ya no me quieras y todo sea irreparable.
La opción 1) me involucra. La opción 2) no, me deja afuera.
Yo te amo como nunca he querido a nadie en el mundo y (si tus historias son ciertas) como nadie te ha querido en el mundo. Eso, queda descontado (…)

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