La carta, de Alberto Cortéz

Recibir una carta de ti 
es la evidencia, 
de saber que te acuerdas de mí 
cuando hay ausencia, 
que me tienes en cuenta, a saber, 
en tus pensares, 
en tu ser y en tu forma de ser 
y en tus andares.

En la carta que llega de ti, 
entre comillas, 
me comentas: «si vieras aquí, 
¡qué maravilla!, 
hay un cielo pintado de azul 
en la ventana, 
y la casa inundada de luz 
esta mañana».

Un «te quiero» basta para decir 
con dos líneas mil palabras de amor; 
un «te quiero» basta para sentir 
lo que no se siente con la razón, 
cosquilleos en el corazón; 
cuando llega una carta de ti 
me hace vibrar el alma.

Recibir una carta de ti 
es la conjura 
de los duendes que habitan en mi 
con tu ternura, 
que me obligan a desenredar 
mis pensamientos, 
y ya libres, echar a volar 
mis sentimientos.

Esa carta que llega de ti 
trae tus aromas, 
el recuerdo de un beso, es decir, 
habla tu idioma, 
y mi alma se funde al arder 
en esa hoguera, 
y me siento cautivo otra vez 
de una quimera.

Un «te quiero» basta para decir 
con dos líneas mil palabras de amor; 
un «te quiero» basta para sentir 
lo que no se siente con la razón, 
cosquilleos en el corazón; 
cuando llega una carta de ti 
me hace vibrar el alma.

Un «te quiero» basta para sentir 
lo que no se siente con la razón, 
cosquilleos en el corazón; 
cuando llega una carta de ti 
me hace vibrar el alma.

Alberto Cortéz

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