La carta de rechazo de T. S. Eliot a George Orwell, 13 de julio de 1944

Querido Orwell:

Sé que deseaba una respuesta rápida sobre Rebelión en la granja; pero lo mínimo es recabar la opinión de dos directores, lo que no resulta factible en menos de una semana. Por la importancia de la velocidad, aun así, debería haber pedido al presidente que lo mirara también. Pero el otro director está de acuerdo conmigo en lo esencial. Los dos creemos que la escritura es de calidad, que la fábula se maneja con mucha pericia y que el relato mantiene el interés en su propio plano; y esto es algo que muy pocos autores han conseguido desde Gulliver.

Por otro lado, no tenemos la convicción (y estoy seguro de que con los demás directores habría pasado lo mismo) de que este sea el punto de vista correcto desde el que criticar la situación política del momento presente. Ciertamente el deber de toda casa editorial que aspire a más intereses y motivos que la mera prosperidad comercial es publicar libros que vayan contra la corriente de la actualidad; pero en todo caso esto exige que al menos un miembro de la empresa tenga la convicción de que tal cosa es lo que conviene afirmar en el momento. No alcanzo a ver razones de prudencia o cautela que pudieran impedir a nadie publicar este libro; a condición, no obstante, de que creyera en lo que defiende.

Bien, creo que mi propia insatisfacción con este apólogo es que su efecto se limita a la negación. Debería excitar alguna simpatía con lo que el autor desea, además de simpatía con sus objeciones para con algo; y el punto de vista positivo, que en general entiendo que es trostkista, no es convincente. Creo que se ha dividido el voto sin lograr compensación: la adhesión más poderosa de alguno de los bandos; esto es, los que critican las tendencias rusas desde el punto de vista de un comunismo más puro y los que, desde una perspectiva muy distinta, están alarmados por el futuro de las naciones pequeñas. A fin de cuentas, vuestros cerdos son mucho más inteligentes que los otros animales y, por lo tanto, los mejor cualificados para dirigir la granja; de hecho, sin ellos no habría podido existir siquiera ninguna «granja animal» como la del título; en consecuencia, lo que se habría necesitado (podría alegarse) no era más comunismo sino unos cerdos de ánimo más público.

Lo lamento mucho, porque quien sea que publique esto, naturalmente, tendrá la oportunidad de publicar vuestra obra futura; y la tengo en buena consideración por ser una escritura de calidad y de una integridad fundamental.

La señorita Sheldon os enviará el manuscrito, en sobre aparte.

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