La Favorita

Por Tomás Proe


Una carta puede servir para muchas cosas: informar sobre la construcción de un nuevo castillo, enviar saludos de cumpleaños, declarar el amor, promover un tratado de paz o desatar una guerra. Acá vamos a agregar una más: extorsionar a la persona más amada.

La favorita está basada en la historia real de la Reina Ana de Gran Bretaña y la relación con Sarah y Abigail, primas entre ellas, contada a la manera del director griego Yorgos Lanthimos (Canino, La langosta).

Ana, la reina, oscila, constantemente, entre estados de excitación total y tristeza profunda. A ellos se encuentran atados, por ejemplo, la decisión sobre el cobro de un nuevo impuesto al pueblo, la continuidad o no de la guerra o la comida para la cena de la noche. Para su resguardo (o no) y la colaboración en cada una de estas y muchísimas otras decisiones de la reina está Sarah, su amiga, consejera, compinche y algunas cosas más.

Pero, ante la gran demanda de tiempo que esto requiere, la prima de Sarah, Abigail, quien estaba merodeando el vínculo, empieza a colaborar con las distintas cuestiones que surjan.

Luego de varias pruebas, idas y vueltas, la reina se enferma gravemente y se aparece la oportunidad. La oportunidad de promover el caos.

Así comienza la enredada disputa por lograr convertirse en la única favorita y, de ese modo, gozar solita y sola de los múltiples privilegios que esto conlleva.

Secretos van, secretos vienen, aparece el “guardador de secretos” por excelencia, la carta. Lo escrito deja marcas que permiten trascender el tiempo, el lugar y la persona pero que, al mismo tiempo, marcan un tiempo, un lugar y una persona.

Eduardo Grüner escribe sobre el tercer hombre (en esta oportunidad, mujer) en el género epistolar (“se escriben dos, se implican tres”). Por definición lo epistolar es privado, pero requiere público. El que escribe sabe que existe la posibilidad (peligro) de que todo salga a la luz.

Lo que pasó está ahí, involucra directamente a dos, pero reaparece, toma valor, cuando un tercero, hasta entonces ausente, se hace carne. El camino de la triangularidad, la figura retórica por excelencia de lo epistolar que destaca Grüner, abandona su condición de metáfora.

La misma que funcionó, en algún momento, como marca para sellar y revalidar una amistad “para toda la vida” se convierte en una herramienta de control, en la única prueba, en la posibilidad de testificar, de exponer, de sacar a relucir todo lo que parecía oculto “para toda la vida”.

En la carta con la que cierra la historia se enrocan remitente y destinatario. La intención sigue siendo la misma. Se explica todo, con excesivo nivel de detalle (hay que dejar bien en claro quién es “la favorita”, ¿no?). Pero la clave no está únicamente en qué y cómo se dice sino, sobre todo, en que deja rastro.  Y esto, sin lugar a dudas, las tres partes lo saben. 

Dirección: Yorgos Lanthimos

Producción: Ceci Dempsey, Ed Guiney, Lee Magiday, Yorgos Lanthimos

Guión: Deborah Davis, Tony McNamara

Fotografía: Robbie Ryan

Montaje: Sam Sneade

Vestuario: Sandy Powell

Protagonistas: Olivia Colman, Emma Stone, Rachel Weisz, Nicholas Hoult, Joe Alwyn, Mark Gatiss

Año: 2018

Categorías: Películas