Niñas Lewis Carroll Por María Laura Migliarino

Lewis Carroll

Estudio preliminar de Brassaï.
Barcelona, Lumen, 1998.

Traducción de J. L. Giménez Frontín, Alex Pérez y Marta Pessarrodona. 

Por María Laura Migliarino

Niñas no es sólo un puñado de cartas, son ciento trece ventanas que abren el paso a una de las tantas facetas de la vida de Charles Lutwidge Dodgson, matemático, poeta y autor de las celebres Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo.
Este pastor anglicano, de origen inglés, más conocido como Lewis Carroll, era un aficionado al teatro, al dibujo y a todo tipo de manifestación artística. Pero, si algo rescata este libro, es su pasión por la fotografía (fue el fotógrafo de niñas más importante de su época) y el vinculo amistoso “cuasi amoroso” con mujercitas impúberes.
La primera parte de este libro contiene un estudio preliminar de uno de los grandes fotógrafos del siglo veinte, el húngaro Gyula Halász (Brassaï). Y es por esto que el escrito hace hincapié en la vida de Carroll como retratista, como “pionero de la fotografía amateur inglesa” y a sus juegos -¿artilugios?- para ablandar a las pequeñas modelos.
El libro contiene veintidós cartas firmadas por el autor y tres relatos de las niñas que por muchos años estuvieron vinculadas con Carroll a través del intercambio epistolar.
Las primeras exponen el ingenio del poeta, repletas de paradojas, acertijos y juegos de palabras, y su preferencia, tantas veces analizada y banalizada por estudiosos de la psiquis, por la primera infancia femenina.

Siempre siento una especial gratitud hacia las amigas que, como usted, me han dado su amistad de niñas y su amistad de mujeres. Nueve entre diez de mis amistades con niñas se hunden en el punto crítico “cuando la corriente y el río confluyen”, y las niñas amigas, en un tiempo tan cariñosas, se convierten en amistades carentes de interés en las que no siento deseos de fijar mis ojos de nuevo. (p.112)

Los segundos expresan, de alguna manera, la simpatía que Carroll despertaba en estas muchachas y en ninguno de ellos se registran marcas que pongan en escena otro tipo de relación entre el poeta y sus amigas.

Para mi todo resultaba perfecto, pero es extraordinario que él nunca pareciera cansarse o desear otro tipo de gente. En una ocasión se lo dije, puesto que ya me había hecho mayor, y me contó que su mayor placer era conversar libremente con una niña y descubrir las profundidades de su pensamiento.
Se acostumbró a escribirme y yo a él también después de este verano, y la amistad, que comenzó de esta manera, perduró. Sus cartas constituyeron una de las grandes alegrías de mi infancia.  (Gertrude Chataway, p. 58)

Niñas, como fue dicho, no es sólo un puñado de cartas. Es una muestra de la admiración incansable que acompañó toda la vida del poeta. Se estima que Carroll escribió más de 50.000 misivas y que fotografió aproximadamente a 700 young ladies. En definitiva, cartas que hablan de la pasión, del amor, de la amistad entre un aspirante a clérigo y sus elegidas.  Sentimientos suficientemente sinceros y peligrosos para la época Victoriana en la que le tocó vivir.

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