No quiero leer cartas que vienen de La Habana
reconozco la firma de la ausencia a trasluz
Mejor no rasgo los sobres
no me precipito sobre los duendes
y me hundo en la bobería de la mañana
No quiero equivocar noticias
recibir tanta alegría de golpe
que después enseguida se convertirá en tristeza
o puede estar la muerte acechante en cada línea
tal vez una ardilla saltarme en un susurro
No quiero descubrir caligrafías
colores temblorosos de tintas
la agonía del papel de bagazo de caña
mochos de lápices apretados
Pero necesito la mala ortografía de mi madre
leer el mentón las piernas de mi amante
sus expediciones
la pelambre de mi gata dejada en un rincón
Quiero el martirio de mi primo
sus debilidades en mi parque
El mar gota a gota ¿entrará en las palabras?
no peguen sellos sobre él
Cuéntenme qué fue de mis sandalias gastadas
de aquel viejo libro de princesas árabes
y de mi café con leche cuando había
Igual me da mi manta
necesito un calor de mil grados
y mucho todo el sol
No podré zafar sogas en lugar de cintas y leer:
Niña amiga queridísima Vida
La ausencia es incapaz dudo que pueda
redactar esas cosas tan cercanas.

Zoé Valdés
Publicado en Vagón para fumadores, 1996

Categorías: Cartas de ficción

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *