Buenos Aires, Alfaguara, 2005


Lo epistolar en Cartas para Julia permite dar cuenta del mundo de dos mujercitas pre-adolescentes, Mariana y Julia, y sobre todo esta última, que se fue a Mar del Plata de vacaciones con su papá, su mamá y su hermano pequeño, Federico. La pobre no quiere estar donde está; en realidad, no quiere estar en ningún lado y le escribe a su amiga que se quedó en Buenos Aires y tampoco quiere nada. Qué feo es ser adolescente. Una lucecita que se transforma en faro se enciende cuando de casualidad encuentra en el pasillo del departamento veraniego a un muchacho, unos años más grande que ella, con unas pequitas que la enamoran. A partir de ahí, todo cobrará un sentido. Sentido ciclotímico, pero sentido por fin. El sentido es conquistarlo, que él, un bautizado epistolarmente como Rodrigo, se fije en ella y poder contarlo en carta a su amiga. Casi todo está contado de esa forma, aunque hay un narrador que desmiente, cuándo no, a la efusividad del remitente que es juez y parte. Hay que decir que algunos guiños quedan un tanto fuera de época: las cartas, aunque perviven en el imaginario melancólico, son un modo que el lector adolescente lo toma como remoto, pero más es cuando la seguramente hoy desenamorada Julia escucha el walk-man o el galán carga con una remera que lleva como estandarte al añejo Fito Páez.

Domingo 16


Querida Mariana:


¡Mi hermano no puede ser más tarado! Desastre total.
¿Sabés qué cosa de Rodrigo me trajo? ¡el cepillo de dientes!!!!!!!!!
¿Y ahora qué hago? No me animo a tocarle el timbre con el cepillo en la mano para preguntarle si es de él. ¡Es un papelón!
Pero mi hermano dice que ya está. Que yo le había pedido una cosa de Atilio y que él cumplió, y que ni piensa traerme otra. Para mí que lo hizo a propósito.
¿Qué hago, Mariana? ¿Renuncia al plan? ¿Corro el riesgo de pasar un papelón? ¡Por qué no estarás acá!
En situaciones tan difíciles uno no puede decidir solo. Pero no puedo esperar una carta tuya, porque sería demasiado tarde.
Voy a pensar un rato. Después te sigo escribiendo.
El cepillo es re-lindo. Color azul. Todo nuevito. No sé cómo hizo mi hermano para saber que era el de él. ¿Mirá si es el del padre? Le sentí el olor para ver si tenía olor a Rodrigo, pero no. Tiene olor a dentífrico. A dentífrico con mucha menta. ¡Mmmmmmmm! Ése debe ser el olorcito cuando te da un beso. Al menos tenemos un dato más: no debe tener mal aliento.
Después sigo. Voy a mirar el cepillo a ver si me inspira.


Julia

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