Correspondencia de genios

Darwin y Einstein respondían su correo de forma similar a como hoy se gestionan los mensajes por Internet

Por Alicia Rivera

Charles Darwin (1809-1892) escribió al menos 7.591 cartas en su vida y recibió 6.530; Albert Einstein (1879-1955) envió más de 14.500 y recibió más de 16.200. Fueron dos genios prolíficos en la correspondencia. Pero es que entonces no había correo electrónico, medio universal de intercambio entre científicos desde hace dos o tres décadas (la comunidad científica utilizaba Internet mucho antes de que existiera la web y todo el mundo se enterase de lo práctica que es la Red ). 
Antes la relación epistolar era el vehículo normal de intercambio entre estudiosos, y la correspondencia tanto del padre de la teoría de la evolución como del autor de las dos teorías de la relatividad ha sido estudiada por los científicos e historiadores. Pero aún dan más de sí. Dos investigadores explican hoy en la revista Nature que han analizado la correspondencia de Darwin y de Einstein desde un nuevo enfoque y descubierto patrones similares, en cuanto a índice de respuesta, por ejemplo, a los que se dan ahora con el correo electrónico. 
La correspondencia de ambos genios se disparó con la celebridad: como media, Charles Darwin escribió 0,59 cartas cada día y Albert Einstein, 1,02, han calculado João Gama Oliveira y Albert-Laszlo Barabási, autores del estudio. Algunas ocasiones eran especiales: el físico alemán recibió 120 cartas el 14 de marzo de 1949, en que cumplió 70 años. 
Gama Oliveira y Barabási (Universidad de Notre Dame, Indiana) explican que el 53% de las cartas de Einstein y el 63% de las de Darwin fueron enviadas en menos de 10 días tras la recepción de la misiva correspondiente. Algunas excepciones son notorias, tratándose de pensadores tan influyentes, e incluso significativas para el devenir de la ciencia. 
El 14 de octubre de 1921, relatan los dos investigadores, Einstein retomó la correspondencia abandonada en 1919 con Theodor Kaluza. Einstein había desaconsejado a Kaluza publicar un trabajo. Pero Einstein se lo pensó mejor dos años después y le escribió desdiciéndose. Kaluza publicó entonces su artículo sobre teoría de campo unificado en cinco dimensiones, que, posteriormente, resplandeció como un eje fundamental de la teoría de supercuerdas. 
Casos anecdóticos aparte, lo que Gama Oliveira y Barabási muestran es que Darwin y Einstein daban prioridad a unas cartas a la hora de responderlas, mientras que otras quedaban relegadas. Su dinámica de la comunicación epistolar no era tan diferente del modo en que hoy uno gestiona el correo electrónico. 
El 14 de octubre de 1920, Einstein escribió a Ralph de Laer Kroning: «Mientras me devoraba a mí mismo inmerso en una montaña de correspondencia, he encontrado su interesante carta de septiembre del año pasado». 
¿Puede imaginarse a Darwin o Einstein con su respectiva dirección de correo electrónico?

Publicado en el periódico El País el 27 de octubre de 2005

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