Amor de mis entrañas, viva muerte, 
en vano espero tu palabra escrita 
y pienso, con la flor que se marchita, 
que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal. La piedra inerte 
Ni conoce la sombra ni la evita. 
Corazón interior no necesita 
la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas, 
tigre y paloma, sobre tu cintura 
en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena, pues, de palabras mi locura 
o déjame vivir en mi serena 
noche del alma para siempre oscura.

Federico García Lorca


Publicado en Obras II. Poesía 2 , edición de Miguel García-Posada. Biblioteca Literaria. Akal ediciones


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