Las confesiones epistolares de Oscar Wilde

Las 400 cartas recopiladas por su nieto Merlin Holland reflejan las contradicciones del escritor irlandés

Por Pilar Ortega Bargueño


L a contradictoria biografía de Oscar Wilde sigue dando frutos bibliográficos. Ahora es su nieto, Merlin Holland, quien ha trazado su itinerario vital a través de una selección de 400 cartas del autor de El retrato de Dorian Gray. El mismo se asombra de que, 105 años después de su muerte, aún queden aspectos de su biografía sobre los que planea el misterio. 
En Oscar Wilde. Una vida en cartas (Alba) salen a relucir los aspectos más intrigantes de una vida marcada por las paradojas.A pesar de su condición de angloirlandés, mostraba simpatías nacionalistas; era protestante con inclinaciones católicas, homosexual y casado… Y para que todo tuviera sentido, él mismo recomendaba a su amigo el pintor James Whistler: «Sigue mi consejo, James, y continúa siendo, como yo, incomprensible; la grandeza consiste en ser mal comprendido». 
Efectivamente, y como ahora corrobora su nieto, Oscar Wilde opinaba que «la mórbida y enfermiza facultad de decir la verdad» era nefasta para la imaginación artística. Sin embargo, en ocasiones se despojaba de su máscara pública, especialmente con sus más allegados, y esta reunión de cartas es, seguramente, un buen ejemplo de su autobiografía más fiel, las memorias que nunca escribió. 
Constituyen, según afirma su nieto, «un reflejo de su vida y su obra, desde sus años de estudiante hasta sus años de cárcel, pasando por la gira por Estados Unidos como conferenciante de ‘un joven catedrático de Estética’, como se definió a sí mismo».

Humillaciones

Las misivas más reveladoras y patéticas, según Holland, son las que escribió durante los últimos cinco años de su vida, periodo durante el cual sufrió la humillación de tener que pedir prestado dinero a sus amigos. Pero, a pesar de la desgracia y la adversidad, Wilde fue capaz de sacar fuerzas de flaqueza y desgranaba en sus mensajes buen humor y una actitud amable ante la desdicha. 
No hay cartas inéditas de Oscar Wilde entre las reunidas por Martin Holland. Todas ellas han aparecido en sucesivas selecciones, desde que el fallecido Rupert Hart-Davis publicara en 1962 la primera edición de importancia de las mismas. En aquel tiempo, la homosexualidad era todavía ilegal en Gran Bretaña y, como las cartas eran muy explícitas respecto a sus inclinaciones sexuales, la familia del escritor se vio sometida a una fuerte tensión, aunque finalmente, el padre de Holland aceptó la publicación sin censura. 
De hecho, Oscar Wilde. Una vida en cartas está dedicado a la memoria de Rupert Hart-Davis, al ser decisión suya, hace 50 años, publicar aquella primera edición «que contribuyó a situar a mi abuelo de nuevo en la posición que había perdido en 1895 como una de las figuras más carismáticas y fascinantes de la historia literaria inglesa». 
En 1985 se publicó un suplemento al ya mítico volumen de Rupert Hart-Davis y en el año 2000, para conmemorar el centenario de la muerte del autor de El retrato de Dorian Gray, apareció una nueva edición, nada menos que con 1.562 cartas. Sin embargo, todas aquellas publicaciones, recuerda Holland, se apoyaban en un contexto erudito, con múltiples notas a pie de página para situar las cartas en su contexto, que rompían el hilo conductor de aquellas misivas. 
Ahora, Martin Holland considera llegado el momento de poner la correspondencia de su abuelo a disposición del público en general.Con este fin, ha seleccionado alrededor de 400 cartas, aquéllas que, en su opinión, mejor reflejan al hombre, «con lo bueno y lo malo». 
«Al intercalar una mínima cantidad de explicaciones y elementos autobiográficos, espero que los lectores puedan escuchar a Oscar con sus propias palabras más o menos sin interrupción, y estoy seguro de que quienes no tengan conocimiento de su obra epistolar encontrarán multitud de delicias inesperadas», escribe en la introducción de Oscar Wilde. Una vida en cartas. 
Los textos se suceden por orden cronológico y si bien Wilde rara vez fechaba sus cartas, han servido para ello de gran ayuda los matasellos y, cuando éstos no existían, las fechas se han deducido a partir de referencias a sucesos y documentos.
Martin Holland ha omitido con pesar la larga carta (50.000 palabras) que Wilde escribió desde la cárcel a Alfred Douglas, De Profundis, y lo lamenta porque en esta misiva el escritor plasma sus más profundos pensamientos. Por ello, Holland sugiere que la misma debería leerse como complemento a su selección, al tratarse de un documento íntimo lleno de fuerza.

Bloques vitales

Aún así, esta nueva entrega de la correspondencia de Wilde está dividida en bloques biográficos y cada uno de ellos va precedido de una breve introducción en la que Martin Holland sitúa al escritor angloirlandés en su contexto vital. 
Por ejemplo, narra que Wilde se educó en el seno de una familia de la clase media alta de Dublín. Su padre, William Wilde, era un médico muy respetado, especialista en enfermedades oculares y del oído. Su madre, Jane Elgee, tuvo un papel destacado en el movimiento Joven Irlanda de la década de 1840 y escribió encendidos manifiestos contra Inglaterra con el seudónimo de Speranza y estuvo a punto de acabar en prisión por sedición. También fue anfitriona de un salón literario semanal en el que se reunían médicos, abogados, artistas y escritores con los visitantes más distinguidos. 
Tanta fue la admiración que el escritor sentía por sus progenitores que, desde la prisión, dejó escrito sobre el papel esta confesión: «Ella y mi padre me habían dejado en herencia un nombre que habían ennoblecido y honrado no sólo en los terrenos de la literatura, el arte, la arqueología y la ciencia, sino también en la historia del desarrollo, como nación, de mi propio país. He manchado ese nombre para siempre».

Publicado en el periódico El Mundo de España el 1 de mayo de 2005

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