Sobre los mensajeros, nuncios y heraldos, de Marco Denevi

Os informo:

en lugar de ir a una ciudad van a otra y esas equivocaciones, fortuitas o deliberadas, provocan enemistades, deshacen las alianzas y las coaliciones. Confunden las calles, las casas, las puertas, los números, los nombres: donde debieron anunciar la muerte anuncian los nacimientos, al destinatario de una carta de amor le entregan una carta orlada de luto, el secreto que tenían que conocer vuestros amigos lo vierten en la oreja voraz de vuestros enemigos. A menudo, pretextando cansancio pero en realidad rebeldes a las instrucciones que les impartisteis, se detienen al borde de los caminos, juegan a los naipes, dormitan, se embriagan, y entretanto el que vigila en lo alto de una torre languidece de hambre y de frío. No sólo confunden los lugares, también las fechas. A un niño le entregaron anticipadamente un mensaje y el niño murió de súbita vejez. Uno de vuestros heraldos anunció antes de tiempo las ejecuciones, y hubo que colgar de las prematuras horcas a inocentes. Difunden falsos júbilos, falsos duelos. ¿Qué esperáis para hablar vosotros mismos, por vuestra propia boca, a los que aguardan la noticia de su salud o de su enfermedad, de su dolor o de su desventura, de sus bodas o de su muerte?

Marco Denevi

Publicado en Parque de diversiones, Buenos Aires, Emecé, 1970

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