The Master – Paul Thomas Anderson, 2012

Por Tomás Proe

Freddie está en la guerra. Recibe una carta. Toda su vida busca cómo responderla. Así de simple podría resumirse The Master, la obra de Paul Thomas Anderson, en la que Freddie, un ex soldado que vuelve de la guerra, se hace parte de los inicios de la dianética y la Iglesia de la Cienciología. 

  • ¿Qué me dices del episodio de llanto?
  • ¿Qué episodio de llanto?
  • En el informe dice que tenías dolor de cabeza y un ataque de llanto. 
  • No tuve ningún ataque de llanto… Lo causó una carta que recibí de una chica que conocía. Creo que lo que me dio fue eso que ustedes llaman nostalgia.
  • ¿De tu novia?
  • No, señor, no era mi novia. Era la hermana de una amiga de la ciudad. Recibí la carta y la leí.

La llamada Formulación o Conceptualización del caso consiste en una explicación basada en una teoría para dar cuenta de los problemas que aquejan a un paciente. Allí se incluye una revisión histórica de la persona (padre alcohólico, madre con esquizofrenia), un listado de problemas (alcoholismo, impulsividad, somnolencia, entre otros), el diagnóstico, los aspectos cognitivos relevantes y los factores predisponentes, desencadenantes y activantes. 

La guerra impacta por sí misma. Pero, en este relato, la carta, por sus condiciones inherentes, lo explicita. Da cuenta, de manera cruda, de la distancia, de la falta de vínculos, del límite difuso entre la mentira y la verdad, de la interrupción del camino transitado y el deterioro de la propia historia. Cumple una función antagónica a la esperada. 

De esta manera, la carta se vuelve el factor desencadenante y activante por excelencia ahora y siempre. Lo persigue, quiebra tiempo y distancia, está presente todo el tiempo, no se puede borrar y lo hace vulnerable.

Esa vulnerabilidad que lo hace indefenso lo lleva a buscar “soluciones mágicas”. Pero no hay palabras para esa emoción, por lo tanto, no hay sentimiento. Y si no hay sentimiento, no hay carta.

  • ¿Por qué viniste a verme?
  • Pensé en ti en mi ausencia. Recibí la carta. ¿En la escuela hacen escribirle a los soldados?
  • Yo te escribí. ¿Por qué nunca me respondiste?
  • No sé. Te respondí pero nunca mandé la carta.

La distancia es definitoria para que una carta tenga sentido de ser enunciada. La palabra que lo persigue durante toda su vida es LEJOS. Y, aunque siempre parece tarde, esa distancia, que atraviesa el tiempo, todavía intenta ser respondida.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp