A [Luis Vargas Rosas], querido Lucho – París, 17 de mayo de 1945

París 17 de mayo 1945

Querido Lucho:

Hoy llego a París en el avión correo. Salí esta mañana del campo de aviación de Kanfbergupnte Kempten y Munich -para tomar el avión me levanté a las seis de la mañana en Luidan a orillas del hermoso lago Constanza y tuve un largo viaje en auto-. Al llegar a París después de andar en avión desde las diez de la mañana hasta las ocho y media de la noche, me encuentro una carta de un amigo de Chile en la cual me da la buena noticia de que Uds. con Henriette’ se van a ir a pronto a vivir a la casa de Los Leones. No sabes cuanto me agrada y veo que al fin hacen algo bueno en mi casa. Va entrando la cordura. Ella es lenta, pero al fin llega.

Dile a Vladito’ que todo este año no he recibido ni una línea suya y que eso me prueba muchas cosas. Ahora que estás a su lado espero que tu amistad para conmigo te hará darle buenos consejos. Por favor arráncalo de toda atmósfera cafetista y hueca. Ayúdalo, en mi ausencia, a ser un hombre y no un charlongón fofo, con voz de almacenero pedante. No sabes cuánto te lo agradeceré. Yo ya no le escribiré más. Iré a Chile a tomarlo bajo mi protección, porque es mi deber y lo haré. De mis heridas voy mejor. Me haré una operación en la cara, que es carísima, pero me aseguran el éxito. Me va a costar como doscientos mil francos -cierto es ahora que un bock, un dernie de mala [ilegible] vale doce francos-

He pasado trece días en Alemania. No te imaginas qué días, los días más históricos del mundo. Algo vertiginoso. Unos días que valen un siglo de existencia.

Llegué al frente con ansias de vengar mis heridas -pistola en mano y con mi Mauser quitado por mí mismo a un oficial alemán. Con dos amigos, sólo los tres hicimos seis prisioneros. Fuimos citados a la orden del día. En Kipten yo solo con Lambert hicimos prisionero a un cabo S.S. y con Jacques Farró y un oficial hicimos otro prisionero de marca mayor: un capitán S.S. grandote que se escondía en la foret cerca de Bladeshwald y que tenía aterrorizada a las gentes que se habían rendido, con toda clase de amenazas. El gallo apenas nos vio llegar levantó las manos y Kaput. No disparó ni un solo tiro. ¡Qué degonflados están! Las mismas gentes del pueblo nos señalaron donde se escondía.

Recorrí otra vez todos los frentes de batalla en avión y en auto. Asistí a la rendición del ejército alemán. (Podrás hacer un artículo para El Siglo con estas notas) Fui el único periodista que vio al Kromprins cuando fue hecho prisionero.Vivía en un manois sobre una colina con un chambelán y una gubernanta (yo creo que era su querida) muy buena moza, con unos ojos maravillosos, no muy joven pero de unos treinta años, él tiene 66. Aceptó ser prisionero con cierta serenidad, aunque con ojos inquietos. Me dijo que nunca le había gustado el nazismo y que por eso se había retirado a ese rincón para terminar sus días lejos del mundo. Iba vestido de verde azuloso, con pantalones de golf. Cuando iba prisionero en el auto declaró al comandante francés que lo llevaba al P.C. del general De Lettre’ que cuando HitIer metía la pata, cada vez él bebía con sus amigos una copa de champagne, etc., etc.

Asistí a la liberación de los godos franceses, de Paul Reynard, de Daladier, Gamelin, Weigand, el hijo de Clemenceau, Michel, etc., ete. Les mando esa foto en que estoy hablando con Daladier. Luego les mandaré otras con Respand y con Leen Lonheny. Comí con ellos la noche de su liberación en el hotel de Bad Shadren, en Luidan.

No tengo tiempo ni espacio para contarte mil cosas interesantísimas. He vivido plenamente la grande historia: Estoy contento de mí mismo y muy optimista a pesar de que Glory ha vuelto a caer a la cama y que su familia me culpa a mí de la enfermedad. Pero ella se siente mejor y me asegura que se levantará buena y sana en tres días. Está muy linda. Se parece algo a SiIvita Balmaceda pero es mejor. Es como una hermana menor de Silvita. Toca el piano que es una maravilla y era estudiante de Filosofía superior en Sorbonne.

Tiene un gusto poético excelente y una cultura fantástica. Sabe griego y latín, y ahora está estudiando castellano sólo para leer mis poemas y mis libros en español. Hace progresos que asustan, ya comprende todo. Es cierto que con el latín se facilita mucho el estudio del español.

Te contaré que en Berlín los M. P. son mujeres. Son chicas rusas, algunas muy guapas y que dirigen el tráfico con una bandera amarilla y otra roja en cada mano. Van vestidas con blusa militar y una falda color madera que les llega hasta la rodilla. Son muy serias y algunas hablan un poco de inglés. Berlín está hecho pedazos. Sí ves a Nicolai dile que estaba equivocado cuando decía que era casi imposible destruir una gran capital. Durante cuarenta minutos, que pone el auto desde el campo de aterrizaje de Templehof hasta donde estaba la casona donde debía reunirse el general De Lettre con los jefes Soviéticos, sólo se ven ruinas por todas partes, Muy pocas casas en verdadero buen estado. La rendición se firmó el día ocho pero no se anunció hasta el día siguiente. Tuvimos tiempo de tomar el avión para París y para el día nueve aquí para volver a Alemana el diez a las siete de la mañana otra vez en avión. ¡Qué días de más trajeteo y más formidables! En París, el delirio. No tuve tiempo ni de dormir. Me fui durmiendo en el avión tendido en el suelo. Si pasan en Chile actualidades completas de estos días, me verás en muchas de ellas.

El diez en la mañana llegamos otra vez a Alemania, fuimos a nuestro Press Camp de la premiére Armée a Luidan y en la tarde partimos a Berchtesgaden. Dormimos en Salzburg, una ciudad preciosa, de gran carácter y con muchas lindas mujeres. Tú que eres pintor sabrías apreciar esos cuerpos y qué pechugas. Al día siguiente por la mañana bajamos hacia Berchtesgaden y allí subimos hasta la montaña de Hitler y su famoso Nido de Águila (Adler Nast) En el primer plateau de la montaña están las casas de Goebbel’ y de Goering’ y el chalet donde Hitler recibía a embajadores y políticos. Todos están muy destruidos. Del primer plateau se sube en auto al otro plateau en donde está la torre privada de Hitler que tiene doce pisos, algunos de los cuales están tapiados con cemento. Ahí me acordé de la entrevista a Hitler de Carlitos Vattier’. La descripción de la torre por Carlitos es casi mejor que la realidad. La verdad es algo demasiado teatral y para epatar provincianos y alemanes romanticones. Hay cosas de un mal gusto que daría risa. Tu amigo, el autor de Altazor, se robó el teléfono de Hitler para su museo particular de recuerdos de la guerra. otros picaban cosas de valor intrínseco, ¿pero qué puede tener más valor histórico que ese teléfono? y nadie le dio importancia. Tomó también algunos libros de su escritorio. Un libro sobre el soldado ruso, otro sobre el antisemitismo, etc., etc., una taza con su platillo.

Dile a Vladito que su taita ha picado muchas cosas para él. Le lleva un rifle de salón alemán. Dos pistolas de señalero con tiros de fusil en colores diferentes (como juegos artificiales) que se usan para señalar el peligro, para dirigir el tiro de los cañones, para señalar campos de aterrizaje a los aviones en la noche, etc., etc. Tu amigo ha picado tres autos: un Mercedes Benz y dos Opel, aparte de otros que regaló al campo de Prensa y a varios amigos. Te mando una foto en que estamos tomándonos un auto y muchos neumáticos (estos valen en París treinta mil francos cada uno) En las fotos, en una estoy con un muchacho prisionero ruso que nos ayudó a requisicionar dos autos magníficos. Eso es lo que querrá y no hay que olvidar que los alemanes en Francia se robaron todo, no sólo los autos sino caballos, muebles, ropas, todo lo que pudieron. Y así en todos los países conquistados por ellos. Esa foto es del otro viaje, pocos días antes de ser herido.

Pregúntale a Vladito si recibió las fotos en que estoy con el general De Lettre y otras con el general Patch.

Te escribo a la carrera pues estoy cansado y quiero dormirme pronto. Figúrate que el avión salió esta mañana de Kanfbeseren, dio toda la vuelta a Alemania, dejando y tomando el correo en todos los aeropuertos para regresar a París a las 8 de la noche. Desde las 10 1/2 de la mañana.

Te aseguro que hoy día yo conozco el arte de la guerra mejor que todos los generales sudamericanos (lo que no es muy difícil) y que podría dirigir una batalla como ninguno de ellos.

No te imaginas lo que he vivido en sólo seis meses. Nadie se imagina lo que es esto. Quien no lo haya experimentado no puede tener una idea. Yo estoy contento de haber pasado estas experiencias y por nada del mundo querría no haberlas pasado. Todos me dicen que soy otro ser, que debería hasta cambiar de nombre. ¿Por qué no? Acaso lo haga. Borrarlo todo y empezar la vida de nuevo. No se puede negar que es tentador.

Estuve en un hospital en Magdbury, luego un medio día y una noche en otro en Heidelberg, mirando desde mi ventana correr el río Neckar a cuyas orillas vivió Holderlin’. Tendido en la cama me recitaba de cuando en cuando algunas de sus mejores estrofas para no oír los lamentos de los heridos. ¡Qué cosa atroz! Es algo increíble. Al compañero de la derecha le cortaron una pierna. No te imaginas qué cara cuando volvió del anestésico y se dio cuenta. Lloraba como un niño y se cubría la cara con las sábanas. Yo, que me he puesto duro como granito, no pude sujetar una lágrima que me fue quemando la carne. Y valía por muchas de otras épocas.

Mis poemas van a quedar heridos por muchos años. Pero no importa; nunca he escrito mejor.

Holderlin no es tan estupendo como creímos cuando descubrimos y lanzamos hace unos 20 años. Además cayó ahora en manos de loros cafetistas y ya se vulgarizó. Hay que empezar a atacarlo. Ya no nos sirve. Glory tiene un estudio muy interesante sobre un gran poeta francés casi desconocido, Maurin Sceve» que escribió una maravilla hace cuatrocientos años, un poema que se llama: « Delie, objet de plus haute vertu » es un canto a la pureza y al amor ideal, que tiene versos que parecen escritos hoy día. Ella sostiene en su tesis que Delie no es el nombre Delia sino el anagrama de 1′ Idée, el ideal, la idea de la más alta virtud. Delie era el sobrenombre de la diosa Diana, la luna en el cielo, Diana en la Tierra. Es una tesis muy interesante. No lo cuentes allá porque de repente sale un señor en tres meses, que se cree que él lo ha inventado y la repite como loro por todas partes y lo repite mal. Ahora está haciendo un estudio sobre mi poesía. Ella dice que no ha existido jamás ningún poeta con el sentido cósmico de tu amigo, ni con más potencia creadora. Quiere que yo escriba un libro y lo titule «Microcosmos» que es un lindo nombre y más humilde y menos pretencioso que otros en que entra el cosmos, el universo, el mundo, etc.

Dile a Vlady que me gustaría que le enviara un retrato suyo a la enfermera que me cuidó durante mi primer día y que se portó muy cariñosa -con dedicatoria: A miss Mary Ausburn, Hospital Militar de Magdbury- O mejor que me la mande a mí y yo se la haré seguir pues ella iba a irse pronto de allí y acaso la foto no alcanzaría a llegar.

Saludos míos a Henriette. Dime se necesitas algo de acá para tu taller y un buen recuerdo mío

V. Huidobro

Saludos a Ontañon» y Nana si los ves. Y a todos los buenos amigos, los raros buenos amigos.

Publicado en María Luisa Fernández,Vicente Huidobro. Epistolario 1924-1945, Santiago, DIBAM/LOM, 1997

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