De Evita – 6 de junio de 1947

6 de junio de 1947

Querido Juan:


Estoy muy triste al dejarte porque no puedo vivir lejos de ti; te quiero tanto que lo que siento por ti es una especie de idolatría, quizás no sé cómo expresarte lo que siento por ti, pero te aseguro que he luchado muy duramente en mi vida con la ambición de llegar a ser alguien y he sufrido muchísimo, pero entonces llegaste tú y me hiciste tan feliz que pensé que estaba soñando y puesto que no tenía otra cosa que ofrecerte más que mi corazón y mi alma te la dí del todo, pero en estos tres años de felicidad, cada día mayor, nunca dejé de adorarte ni una sola hora, o de dar gracias al cielo por la bondad de Dios al concederme la recompensa de tu amor, e intenta, a cada instante, hacerme merecedora de él, haciéndote feliz; no sé si lo he conseguido, pero te puedo asegurar que nunca nadie te ha querido o respetado más que yo. Te soy tan fiel que si Dios quisiera que no te tuviera en esta dicha y me llevara te seguiría siendo fiel en la muerte y te adoraría desde el cielo; Juancito, cariño, perdóname por estas confesiones pero tienes que saber esto ahora que me voy y estoy en manos de Dios y no sé si me ocurrirá algo… tú me has purificado a mí, tu esposa, con todas sus faltas, porque yo vivo en ti, siento por ti y pienso por ti: cuídate del gobierno, tienes razón de que no compensa, si Dios nos deja que acabemos bien todo esto nos retiraremos y viviremos nuestra propia vida e intentaré hacerte todo lo feliz que yo pueda porque tu felicidad es la mía, Juan, si me muero te ruego que cuides de madre que está sola y ha sufrido mucho, dale cien mil pesos; a Isabelita, que ha sido leal y sigue siéndolo, dale veinte y dale mejor paga y yo cuidaré de ti desde arriba. Quiero que mis joyas las guardes tú y San Vicente y Teodoro García para que te acuerdes de tu chinita que tanto te amó. Te pido esto para doña Juana porque sé que la quieres como yo, lo que ha pasado es que como tú y yo estamos viviendo en esta interminable luna de miel no mostramos nuestro cariño por la familia, aunque les adoramos. Juan, conserva siempre la amistad de Mercante, porque te adora y te es tan leal que siempre trabajará contigo. Ten cuidado con Rubi, le gustan los negocios. Castro me lo dijo y te puede hacer mucho mal y sólo quiero que tu nombre siga siendo tan limpio como tú. Además, y esto me duele decirlo, pero tienes que saberlo, lo que él dispuso que se hiciera en Junín, Castro la sabe bien, te juro que es una infamia (mi pasado me pertenece, por eso en la hora de mi muerte tú debes saberlo, es una mentira), todo esto es tan doloroso, amar a los amigos para ser tratada así. Salí de Junín cuando tenía trece años, qué cosa tan horrible pensar esa vileza de una muchacha. No te podía dejar engañado de esta manera. No te lo dije al irme porque estaba bastante triste entonces y no quería añadir aún más cosas. Pero puedes sentirte orgulloso de tu esposa porque cuidé de tu buen nombre y te adoré. Muchos, muchísimos besos….


Evita

Publicado en Alejandra Zina y Guillermo Korn (comp.), En primera persona. Correspondencia argentina en dos siglos ; Buenos Aires, Ediciones Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, 2003.

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