De Norberto Firpo a Elba – Tandil, 13 de octubre de 2016

Elba: gracias por tus consejos y sugerencias, pero yo tengo un método muchísimo mejor para superar dolencias. Este método consiste en no darle bolilla al trastorno, en responderle con la indiferencia. A medida que la primavera avance, el catarro se irá disipando y seguramente desaparecerá del todo al cabo de veinte días bajo una sombrilla, sobre las arenas de Ipanema. En realidad, no tengo tos. No toso ni siquiera una vez por día. Lo que me ocurre es que a veces siento unos maullidos bronquiales y ganas de expectorar. Desde ya, no soy adicto a las medicinas alternativas, ni tampoco a la homeopatía. He sabido de gente que recurrió a la acupuntura y que no le reportó ningún beneficio.
En fin, reconozco que soy bastante cabeza dura en asuntos de esta índole, pero lo cierto es que alguna razón debe asistirme: a casi 85 pirulos sigo bastante movedizo, dependiendo de mí y tan lúcido y tan activo como siempre. Sin mucho protestar, el hígado y los demás órganos continúan respondiendo a sus mandos naturales. Estoy jugando al ajedrez al nivel de exigencia mental de mis 35 años, cuando era miembro de un riguroso y selecto club de ajedrez y pretendía ser campeón mundial. Es verdad que ya no juego al fútbol ni practico pelota-paleta en el frontón, pero camino por la 9 de Julio, mi calle, y por Florida, no menos de veinte cuadras diarias. No todos los muchachos de mi barra, ni todos los «escribas» de mi edad se permiten lujos semejantes.
Gracias por tu crítica de «Redondeces». Se advierte que tu lectura fue muy concienzuda y que el desarrollo narrativo- su dinámica- permitió que no sufrieras aburrimiento.
Desde que comencé a publicar mis primeros cuentas, en los años 60, mi mayor esfuerzo creativo estuvo puesto en la necesidad de retemplar a cada página el interés del lector. El ejercicio de esa consigna me dio satisfacciones a granel, sobre todo porque conseguí que muchas camadas de periodistas jóvenes se suscribieran a ella. No aburrir, no ser pesado ni confuso, esas son las condiciones básicas a las que debe someterse un profesional de la escritura.
Me voy a ver una película de suspenso que los críticos consideran antológica. Se titula «No respires». ¿Será apta para tipos con catarro? Cariños, N.

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