De Juan Rulfo a sta. Clara Aparicio, México, 9 de enero de 1945

México D.F. a 9 de enero de 1945

Sta. Clara Aparicio. 
Kunhardt No. 55. 
Ho Guadalajara, Jal.

Clara, pequeña amiga mía:


Tengo, entre las joyas de mis parientes, un tío muy terco (yo también soy muy terco, pero él me gana) que se armó a que lo acompañara. Y la cosa fue tan de repente que no tuve tiempo sino de hacer mi envoltorio y venirme con él. Eso fue el sábado al mediodía. Por tal motivo, estoy suplicándote me perdones el no haberte avisado de mi salida. 
Me he acordado mucho de ti. Todo el camino me vine piense y piense que en Guadalajara se había quedado una cosa igual a las cosas esas que andan por el cielo, y, de puro acordarme, venía sonriéndose mi corazón y dando de brincos a cada paso, como si no le cupiera el gusto de saber que tú existes. Debido a eso no se me hizo largo el camino. 
Él y yo nos vinimos platicando de ti (mi corazón y yo), y él estuvo de acuerdo conmigo en todo. Por ejemplo. yo comencé por decirle que no me merecía ni siquiera que me dirigieras la palabra y mucho menos tenerme por amigo. Entonces él me contestaba: es muy cierto, muy cierto. Yo seguía diciéndole: tengo necesidad de Ella, de quererla mucho; ¿pero acaso tengo yo algún mérito para merecerla, eh? No, no tienes ninguno, de respondía él. Ella es muy bonita, ¿verdad? ¿Bonita? ¡Es la criatura más hermosa con que yo haya tropezado en mi vida! Eso decía mi corazón. 
Luego pasé a preguntarle si Ella no se iría a enojar si le habláramos de tú, aquí en esta cosa que casi parece carta. No, no se enojará; el de Ella es un corazón muy buena gente y no se enojará. Ahora, si se enoja, que se enoje, al fin y al cabo no está aquí cerca de nosotros para que nos regañe. Oye, corazón, ahora sí te equivocaste. Ella sí está aquí con nosotros; nada más cierra los ojos y verás la figura completa de Ella. Ahora está arqueando la cejita y nos está echando una mirada muy seria. Dentro de un rato se le va a salir uno de esos suspiros buenos que Ella acostumbra dar de rato en rato, cuando no sabe qué que hacer con el amor que lleva dentro. 
¡Ah!, si Ella se imaginara la fuerza que tiene su recuerdo y la forma como él, ese recuerdo suyo, lo tenemos aquí presente, tal así, vez nos quisiera un poquito. Bueno, vamos haciendo una aclaración, vamos suponiendo que nos quiere tantito, así, con un amor del tamaño de una semilla de amapola. Pero no, no nos con quiere ni así. ¿Te acuerdas del día en que nos dijo que no nos tenía confianza? Tú te pusiste a llorar un rato, ¿no? Y esto se debió a que la queremos, a que Ella es la misericordia para 
nosotros y aunque yo me he propuesto aceptar todo lo que venga de ella, tú, en cambio, eres débil como una cáscara de me ciruela y te dueles con mucha facilidad. A veces me da pena salir a defenderte porque no aguanto la cara de sentimiento que 
pones. Sobre todo, me da pena con Clara. ¿Qué idea se hará ella de tu fragilidad, de ti, pobre corazón que la quieres tanto? 
Los dos te queremos. Mi corazón y yo somos un buen par de buenos amigos tuyos. Esa es la verdad. 
Te estoy escribiendo desde un restaurante. Aquí estoy en mi elemento. Son las diez de la noche y se me magulla el alma de pensar que tú algún día llegues a olvidarte de este loco muchacho. No, ahora no estoy triste. Tristeza la de antes de conocerte, o cuando el mundo estaba cerrado y oscuro; pero no ahora en que, si no me porto mal, tal vez, algún día de éstos, llegues a comprender lo encariñado que estoy contigo. Clara, vida mía, me hace falta tantita de tu bondad, porque la mía está endurecida y echada a perder de tanto andar solo y desamparado. 
Perdóname si yo he exigido mucho de ti, quizá demasiado, que haya querido que tu corazón palpitara fuera de tiempo, como yo hago con el mío; pero yo soy un desequilibrado de amor y tú no, ahora lo sé y sé también que por eso me gustas así, porque eres como la brisa suave de una noche tranquila. 
Es precisamente por esto que yo te anduve buscando y me metí en tantos trabajos para dar contigo porque sabía que, ya conociéndote, podía contarte las cosas que le dolían a mi alma y tú me darías el remedio. 
Clara, no sé todavía los días que me voy a estar por aquí. Ando arreglando el asunto de mis sueldos y quiero ver, de paso, si es posible dedicarme a librero allá en Guadalajara. Ya que estoy aquí quiero aprovechar el tiempo en algo. Si de casualidad quieres escribirle al muchacho puedes hacerlo a Virrey Antonio de Mendoza No. 125, Lomas de Chapultepec. Es la cosa que yo me moriría de gusto al tener noticias tuyas. 
Aquí está haciendo de las suyas el frío; pero yo estoy enamorado y a los enamorados no nos hace fuerza nada. 
Quisiera poder contarte más cosas de estoy de aquello, pero soy muy flojo para escribir y lo hago muy mal. Ojalá se componga el tiempo y vuelva la inspiración, aunque la inspiración se quedó en Guadalajara.

(No sé qué poner aquí) 
Auf Wiedersehen


Juan Rulfo

La verdad es que tengo prisa por mandarte esta carta y recibir 
tus disculpas; por eso no la hago más larga. 
Mucho Te quiere

Publicado en Aire de las colinas. Cartas a Clara, Sudamericana, Buenos Aires, 2000.

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