De María del Carmen a su muy querida Franca, Buenos Aires, 11 de septiembre de 1999

Buenos Aires, septiembre 11 de 1999
Mi muy querida Franca:
tomo un tiempo de mi descanso para escribirte. Te adjunto una foto que me tomaron al día siguiente de mi cumpleaños. Te agradezco de corazón nuevamente las lineas que me escribiste para esa fecha, la cual te contesté. Me extraña aún que no me escribieras contándome del nacimiento de la nieta que esperaban. Comprendo que Uds. están en verano y posiblemente disfrutando de las vacaciones. Ojalá que así sea.
De mi parte, te diré que gracias a Dios mi salud ahora anda muy bien generando fuerzas para todo lo nuevo que emprendo. Actual y recientemente he comenzado a tomar unas clases de Taller Literario en casa, con una profesora que una amiga quizo regalarme sorpresivamente. Dando así rienda suelta a mi vocación o mejor dicho santa devoción a la escritura. Algunas amigas me «envidian» buenamente. El curso de computación lo terminé en julio y estoy viendo posibilidades para conseguir ahora la PC. Poco a poco llegará. Lo sé. Se la pedí a Dios. Y El obrará por los caminos menos pensados. 
Me siento muy feliz haciendo el taller. Cuando la profesora me deja el ejercicio, se me pasan las horas escribiendo pues mi imaginación vuela.
Recientemente terminé de hacer los 100 rosaritos para el 1° de octubre que se celebra el día de Santa Teresita del Niño Jesús. Ya es el 3er año que trabajo en ello para una señora que los vende en un Carmelo de Capital.
Por aquí aún siguen los días fríos y ahora ventosos. Dicen que el viento lleva las semillas, por eso luego todo reverdece y nacen las flores. Es una maravilla ver las cuadras en mi barrio.
Esos grandes árboles viejos con sus ramos pelados ya tienen pequeños brotes verdes o granitos amarillos como el paraiso. Pero luego se transformarán en pocos días, luciendo su copas frondosa y verde o en violeta, como el jacarandá. Es la vida que continúa su camino mostrando el lenguaje de Dios.
Bueno, queridos amigos ya les dejo con un rocío de bendiciones para todos ustedes. Mis cariños a Ernest y a los hijos. Y para tí todo el profundo afecto de esta hermana en Cristo que mucho te quiere y no te olvida.
María del Carmen

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